Una sola chispa podría generar el mayor incendio forestal de Nicaragua en los últimos 100 años, luego que el paso destructivo del huracán Félix, en septiembre de 2007, derribara más de un millón de hectáreas de bosques que ahora amenazan la vida de cerca de 60 mil indígenas de la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN).
De acuerdo con el coronel Mario Perezcassar, jefe de Defensa Civil del Ejército de Nicaragua, existen más de 139 comunidades campesinas e indígenas en riesgo y bajo condición de alta vulnerabilidad en la zona del desastre.
El huracán Félix ingresó por esta región el 4 de septiembre, convertido en un huracán categoría 5 en la escala Saffir-Simpson, con vientos superiores a los 300 kilómetros por hora.
A su paso, el meteoro devastó una franja boscosa de 75 kilómetros de ancho y más de 100 de largo en la RAAN, según el mapa de riesgos de Defensa Civil.
61 mil en zona de riesgo
Esta región es la más grande de Nicaragua, ya que comprende el 52% del territorio nacional de 130.373 kilómetros cuadrados. Ahí está la mayor concentración de masa boscosa del país.
De acuerdo con el jefe militar, a la fecha el Estado Mayor de Defensa Civil registra 139 comunidades ubicadas en la zona de riesgo.
“Ahí se ubican 10 mil 220 familias integradas por más de 61 mil personas que habitan dentro o en las periferias de un área de un millón 391 mil 747 hectáreas de bosques caídos o golpeados por ‘Félix'”, informó Perezcassar.
“Esa materia es combustible altamente volátil. Son más de 15 millones de metros cúbicos de madera que se están secando o pudriendo, y entre ellos hay miles de hectáreas de coníferas (pinos) que son resinosos y altamente inflamables”, expuso el jefe militar.
Clima: verdugo y salvador
De acuerdo con Perezcasssar, irónicamente el cambio climático ha salvado a la región de una posible tragedia en este verano 2008.
“Gracias a Dios que el clima está alterado, porque ha estado lloviendo en la zona y eso ha amortiguado el calor, pero ya en abril será dramático porque no caerá más lluvia y ahí estará el mayor peligro”, advirtió el jefe militar.
No obstante, Perezcassar indicó que el Ejército de Nicaragua ha dispuesto un Plan de Incendios Forestales para 2008, que integra a todas las instituciones del Estado relacionadas con el Sistema Nacional de Prevención y Atención a Desastres (Sinapred).
A la fecha, dijo, han organizado el 80 por ciento de las brigadas contra incendios en todo el país, principalmente en la RAAN.
“Hemos creado un frente especializado de 200 soldados preparados como bomberos forestales, que se ha trasladado permanentemente a la zona de riesgo”, además del traslado de equipos especiales, comunicación de alta tecnología, vigilancia aérea, patrullaje terrestre y monitoreo satelital para detectar cualquier incendio en desarrollo, explicó Perezcassar.
Indígenas tienen miedo
El temor de un incendio de grandes magnitudes lo conoce a fondo el diputado Brooklin Rivera, a quien varios líderes de comunidades de la zona de riesgo le han expresado su temor por la siniestra posibilidad.
“Las comunidades tienen miedo, pero están trabajando arduamente para evitar una catástrofe. Saben que con tanto bosque caído un incendio acabaría para siempre con sus hábitat”, confirmó el dirigente indígena.
Según Rivera, todos los años los indígenas de la zona queman áreas de bosques para preparar la tierra y cultivarla con las lluvias del invierno (de mayo a noviembre). Eso cada año provoca incendios forestales, y esta vez, según el dirigente indígena, la campaña de educación ha disminuido esos riesgos.
No obstante, mucha gente en la región sigue obviando los llamados a no realizar quemas.
Faltan aserríos
“Ha habido unos pequeños incendios, pero son mínimos y han sido controlados. Pero nosotros estamos insistiendo a través de radioemisoras en la zona, y de forma directa por medio de líderes religiosos, comunitarios y maestros, que no quemen las parcelas, porque de un momento a otro toda la selva puede desaparecer”, señaló Rivera.
El diputado indígena aseguró que el Gobierno está haciendo ingentes esfuerzos de organización y prevención de desastres, por medio de la organización y capacitación de brigadas locales comunitarias, entrenadas por las instituciones integradas al Sinapred.
“Ahí están haciendo esfuerzos, todos juntos, la comunidad indígena y los delegados del Instituto Nacional Forestal (Inafor), del Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales, del Ministerio Agroforestal, Defensa Civil y las alcaldías”, dijo Rivera, quien explicó que una de las causas del temor a un megaincendio es la falta de aserraderos que ayuden a procesar la madera tumbada.
“Hay (en la zona) suficiente madera para construir tres veces todos los templos, escuelas y casas caídas, pero no hay capacidad en este momento para procesar todos los árboles”, indicó Rivera, citando que de 30 aserríos industriales que se necesitan en este verano, sólo cinco están instalados y trabajando.
Bosques desaparecerían
“Félix” dejó a su paso 253 muertos y cerca de 200 mil damnificados. Además, según datos oficiales de la Presidencia de la República, destruyó 20,394 viviendas, 57 iglesias, 102 escuelas y 43 centros de Salud. También afectó alrededor de 1.3 millones de hectáreas de bosques, incluida una parte de la Reserva de Biosfera Bosawás.
Para el científico Jaime Incer Barquero, quien recibió en 2006 el premio National Geographic, en Liderazgo Conservacionista en América Latina, una amenaza de este tipo no se enfrenta únicamente con llamadas de atención para evitar un incendio forestal de magnitudes colosales.
“Debe haber mano dura, mucha campaña urgente de educación y una presencia amplia y permanente para evitar que los campesinos quemen las tierras en esa zona”, dijo el científico.
Para Incer Barquero el riesgo es más grave de lo que advierten las autoridades, y alerta de que un incendio en esa zona no afectaría sólo a Nicaragua, sino que Centroamérica entera se vería afectada al perder uno de los últimos pulmones naturales de la región.
“Un incendio acabaría con miles de años de desarrollo natural”, advirtió el científico. |